viernes, 15 de marzo de 2013

Con el culo al aire por la UE; también con el CGT


A mediados de febrero del corriente 2013 Europa Press publicaba que España es, junto con Italia, el Estado miembro con más expedientes por incumplimiento de la normativa europea. Y es que a España le llueven. Desde aquel momento entendí que nuestra lucha por un concurso de traslados más justo iba a ser difícil hasta el último instante.

Hemos tenido que poner muertos encima de la mesa de los políticos y un dictamen del más alto tribunal europeo señalando la inicua ley hipotecaria española para que nuestros indolentes "representantes" se arruguen y manifiesten su disposición a aplicar las indicaciones del TJUE en la reforma legal ya en marcha.

Lo más indignante es que los abusos denunciados debieran haber sido subsanados hace ya veinte años conforme al derecho comunitario. A estas alturas es más que evidente: somos carnaza y la casta política no nos representa, nos usa. Son lo más parecido a las máquinas de Matrix, exprimiéndonos mientras nos mantenían en Babia. Nos han hecho vivir un sueño, un maldito engaño, que comienza a hacerse añicos de la forma más dramática.
Juez Fernández Seijo


Así las cosas y puesto que los sindicatos mayoritarios de la Enseñanza en Andalucía no parecen ser más que una bastarda extensión de determinados lobbies políticos, quienes pretendemos hacer valer la doctrina europea respecto a la valoración del tiempo de servicio como interino en los concursos de traslados no podemos esperar otra cosa que aún mayores raciones de indiferencia; de unos y de otros. Después de todo, solo llevamos doce años esperando y no veinte; gozamos de buena salud (de lo contrario, comisión de servicio por salud propia y punto (menudo consuelo)) y disponemos de una nómina mensual (...todavía (aunque bien recortada)).

Si añadido a lo anterior tenemos presente que tanto políticos como sindicalistas van a negarse a zambullirse voluntariamente en un rosal por el que se favorecería a unos docentes en detrimento de los actualmente e injustamente beneficiados, podemos tener por seguro que nadie nos va a amparar por muy legítima y mucho más ajustada a la doctrina europea que sea nuestra pretensión; que lo es.

Sin ánimo de hacer comparaciones con un asunto tan sangrante como el de los desahucios sino yuxtapuesto este, a la manera de una losa, con el nuestro en cuanto a la valoración del tiempo como interino en concurso de traslados, más las decenas y decenas de otros casos que el renuente Estado español acumula en Europa, la calzada de despropósitos lleva a la marca España camino de la mayor de las vergüenzas.

De la experiencia sobre los desahucios, no obstante, podemos extraer algunas conclusiones. Por una parte, el TJUE nos ha demostrado dos cosas: (1) cuánto tiempo y hasta qué punto se nos puede tener engañados y (2) que nuestros políticos no nos representan. Estamos solos. Por otro lado, las plataformas ciudadanas nos han trazado la hoja de ruta: convicción, concienciación, organización y lucha.

Dionisio Moreno junto a su defendido
La enorme diferencia con los desahuciados es que ellos dieron con un abogado honesto, Dionisio Moreno y con un celoso juez, José María Fernández Seijo, mientras que nosotros nos estrellamos contra el TSJA, instancia en la que se laminó al juez que osó abrir una rendija de esperanza por la valoración del tiempo de interino en los concursos de traslados del ámbito de la Administración General de la Junta de Andalucía.

A pesar de ese antecedente la justicia no nos puede estar vetada y la realidad es tozuda: independientemente de la insistencia con la que lo niega el TSJA en reiteradas sentencias ajustadas al personal funcionario de la Administración General de la Junta de Andalucía, el TJUE declara que tanto funcionarios interinos como funcionarios de carrera de la Enseñanza Pública de Castilla y León ─y por ende los de toda España─ "se hallan en situación comparable", lo que deja la argumentación del TSJA muy tocada en nuestro ámbito administrativo.

El resto de contraargumentos, en una entrada posterior. Ahora solo tocaba congratularnos por la suerte que ha corrido la justa ciudadana contra los desahucios, convertida ya en perfecto ejemplo de compromiso y resistencia; denunciar la singularísima e indecorosa renuencia de la oligarquía política española respecto a la normativa europea, y señalar cierto paralelismo en la vía judicial entre nuestra causa y la de los desahuciados, semejanza que si en nuestro caso ─a fecha de hoy─ cobra otro cariz, acabará teniendo el mismo final, no lo dudéis.

El futuro no existe pero se fragua desde el presente.




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